¡Segunda temporada! Capítulo 01: El octavo día



El reloj marcaba las ocho en punto cuando María Julia estaba sentada en el incomodísimo asiento del vestíbulo. El horario le indicaba que se habían cumplido ya treinta minutos desde que había llegado y le habían ordenado que se siente a esperar.

Durante esos treinta minutos no había tenido nada importante que hacer, así que a lo único que se dedicó fue a pensar. Sí, pensar; pensar todo lo que había cambiado su vida en tan solo una semana. El lunes su recién casado esposo, Juan Ignacio, se tomó la molestia de comprarle un ramo de rosas de regreso al trabajo junto con un día de spa para una sola persona. El martes pasó toda la tarde relajándose en el centro de estética más conocido de la ciudad, alabando mentalmente a su marido, y asegurándose a sí misma que contraer matrimonio había sido lo mejor que podría haber

hecho en su vida. El miércoles lo notó un poco extraño al hablarle, pero nada para alarmarse. El jueves quiso devolverle el regalo y, consultándolo con su mejor amiga Trinidad, decidió pagarle por sorpresa una cena romántica para que se olvide del estrés del trabajo; hizo las reservaciones para el día siguiente. El viernes la llamaron del restaurant para avisarle que no tenía saldo en su cuenta de banco; alterada, revisó sus últimos movimientos bancarios y pudo identificar a alguien interfiriendo: su marido. No fue hasta el sábado que reunió el valor para enfrentarlo; y no le costaba por el dinero en sí, sino por no querer creer que lo que había pasado era verdad. ¿Cómo su propio marido iba a robarle dinero? Eso era una locura, seguramente había tomado prestado algo para hacerle una fiesta sorpresa o algo así. Después de todo, ya casi era el día de su cumpleaños, ¿no?

Pobre María Julia, siempre tan ingenua. El sábado discutieron y él admitió todo. No fue hasta entonces que ella no tuvo otra alternativa más que escuchar que su marido solo se había casado por el dinero, y no solo no tenía interés en ella, sino tampoco en ningún otro tipo de mujer. Sin embargo no fue hasta las seis de la tarde que María Julia tuvo que asimilar todo, como una mujer fuerte y decidida, y finalmente firmaron los papeles del divorcio.

El domingo pasó todo el día llorando sola en su cama, preguntándose cómo iba a sobrevivir ahora que no tenía ni una sola moneda, y que su mamá no iba a ayudarla ya que estaba muy decepcionada con ella por haberse divorciado.

Ahora, el lunes siguiente, María Julia tuvo que hacer cosas que creyó que nunca iba a tener hacer en su vida por el solo hecho de tener el apellido Del Solar: se despertó temprano, se vistió, se arregló, escribió su currículum vitae, y se sentó a esperar para tener una entrevista laboral… en la empresa de su mamá, la cual estaba a cargo de su hermana.

—Ya puede pasar, la señorita Diana la está esperando —le dijo una voz femenina, interrumpiendo sus pensamientos.

Le costó mucho pararse y entrar a la oficina de su hermana. ¿Por qué su mamá la tenía que haber dejado a ella a cargo de la empresa? María Julia era tan responsable como Diana, pero claro, Diana siempre había sido la favorita.

Llegó entonces el momento en el que tuvo que enfrentar su destino y dejar su orgullo a un lado. Recientemente divorciada, amargada, y con el gusto del fracaso todavía en la boca, entró en la oficina dispuesta a solicitarle un empleo a la persona con la que peor se había llevado durante toda su infancia y adolescencia; la persona que siempre salía con el chico que a ella le gustaba; la persona que, sin importar las circunstancias, siempre era la confidente y la palabra verdadera para su madre.

—Cerrá la puerta, por favor. Esto no es una carpa, es una empresa con gente responsable —le dijo Diana sin siquiera saludar.

María Julia se tragó sus palabras y obedeció en silencio; después de todo, no tenía otra alternativa, realmente necesitaba un empleo. Cerró la puerta, avanzó unos pasos y se sentó en el asiento frente al escritorio de su hermana. Hubo unos segundos de silencio en los que ambas se miraron a los ojos.

—¿Y bien? —preguntó entonces Diana.

María Julia la miró con cara de desentendida.

—¿Qué hacés vos acá? Este es el horario de entrevistas laborales —agregó al ver que esta no respondía.

María Julia respiró hondo, ya veía venir esta situación. —Vengo a solicitar un empleo. Estoy muy bien capacitada, como ya sabrás, y creo que puedo llevar la empresa de mamá a un lugar mejor.

Diana no se molestó en disimular unas carcajadas burlonas. —¿Vos? ¿Llevar esta empresa a un lugar mejor? ¡Ja! ¿Y cómo exactamente?

—No veo lo gracioso, Diana. Yo soy una persona responsable y capacitada, no veo por qué no podría trabajar acá; después de todo, mi mamá es la fundadora, ¿no?

—Mamá será la fundadora, pero a cargo me dejó a mí.

—¡A mamá le encantaría que yo trabajase para ella! ¡Te lo aseguro!

Diana reaccionó como si le hubiesen contado el chiste más gracioso del mundo. —¿En serio me estás hablando? ¿Vos sabés por qué mamá viajó hasta Europa solo para convencerme de que yo sea la directora? ¿Por qué te pensás que hizo todo eso en vez de quedarse acá, tranquila, y dejar a cargo a alguna de ustedes? ¡Porque acá la única que logró hacer algo bueno de su vida soy yo!

María Julia comenzaba a perder la paciencia. Abrió la boca para decir algo, pero Diana la interrumpió levantando más la voz. —Enterate: ¡No hiciste nada en toda tu vida, unos huérfanos te arruinaron el casamiento, y encima al final el tipo con el que te habías casado te usó y te dejó! ¡Fue un matrimonio de verano solamente, no duró más que eso! ¿No te das cuenta de que si ni siquiera podés manejar algo tan sencillo, menos vas a poder con una empresa? ¡Esto requiere mucha capacitación! Arreglá tu vida y después recién vení a presentarte acá, que con suerte te consigo un puesto para limpiar los inodoros de los baños.

—¡Basta! ¡De ninguna manera voy a permitir que me faltes el respeto! —María Julia estaba rojísima de la furia.

—Una falta de respeto es que vos, incompetente, te presentes acá y pretendas que te dé prioridad por encima de personas con licenciaturas internacionales y seminarios carísimos. Hacete un favor a vos misma y retirate, no te dejes más en ridículo. —Diana pronunció esas palabras con tanta calma que si alguien la hubiese escuchado por primera vez en ese momento, no hubiera ni sospechado que acababa de gritarle a su hermana.

—Te estás excediendo, Diana. Soy tu hermana, estoy desempleada, soltera, nadie me pasa un centavo. ¡Te estoy pidiendo trabajo para vivir! ¡No pretendo que ambas estemos a cargo de la dirección!

—Andate si no querés que llame a seguridad.

María Julia se puso de pie, pero no se fue, sino que enfrentó a su hermana. —¡No te vengas a hacer la moral conmigo! ¡Yo sé muy bien lo que vos y mamá hicieron con esta empresa hace unos años! ¡Esa pobre familia quedó destruida, y yo no dije una sola palabra!

Diana se quedó en silencio, sorprendida.

—¡Ja! Cómo te quedaste, ¿Eh? —presumió ésta.

—Yo no tuve nada que ver con lo que pasó, te recuerdo que no participé de ninguna manera. Ni siquiera estaba en Argentina.

—Puede que no, pero fuiste cómplice, ¿verdad? Eso te hace tan culpable como cualquiera.

—Está bien. ¿Sabés qué? Me das lástima. Para que veas que no voy a dejar que mi hermana se muera de hambre en la calle, te voy a conseguir un trabajo acá. Va a ser un trabajo doble: vas a ser la encargada de la limpieza y al mismo tiempo mi asistente. Y no, no vas a recibir dos sueldos. Ahora andate, empezás mañana a esta hora.

Sin decir una sola palabra para que no se arrepienta, María Julia se paró y se dirigió a la puerta. Estaba a punto de cerrarla cuando Diana llamo su atención una vez más.

—Ah, y otra cosa: no llegues tarde, acá no somos para nada tolerantes con eso. Si no estás acá a las 8 en punto, considerate despedida. ¿Entendido?

—Sí… —respondió de muy mala gana, y cerró la puerta de la oficina con un portazo.

Era increíble cómo en una semana había pasado de ser la esposa de un gerente importantísimo a la limpiadora y asistente de su propia empresa familiar. Y tenía la sensación de que esto no había terminado todavía. ¡Claro que no! ¡Cuando se trata de Diana, nunca está terminado!





Esa misma mañana, en el hogar de niños huérfanos “Rincón de Luz”, un poco más temprano (a eso de las siete y media de la mañana) los dulces sueños de los chicos se vieron interrumpidos por una voz que les inspiraba paz, pero al mismo tiempo les molestaba oírla ya que solo significaba una cosa: la noche había terminado y el amanecer había traído consigo el día que tanto detestaban.

—¡Arriba, chicos! ¡Despiértense todos que ya llegó el gran día! —les dijo Soledad (disfrazada de Mencha) apenas cruzó la puerta, mientras se acercaba a cada uno de los chicos en el cuarto y los sacudía un poco para que reaccionasen.

—Andá a despertar primero a las chicas, Sole —se quejó Mentiritas con la voz tan débil por el sueño que Soledad apenas pudo entender lo que estaba diciendo.

—A las chicas ya las desperté, ya están cambiándose para bajar a desayunar. ¡Vamos, no dejen que lleguen primero! ¡Tienen que ganarles!

Lucas fue el primero en comenzar a abrir los ojos. Lo primero que vio fue la ventana, por sus vitrales se reflejaban rayos de sol que llegaban hasta el suelo en el centro del cuarto. Le sorprendió un poco ya que estos últimos días el clima estaba anunciando con sus tormentas y sus días nublados el fin del verano dando comienzo al otoño; al parecer los sucesos meteorológicos habían complotado para alivianar un poco la horrible carga que le esperaba el día de hoy.

—¡No queremos empezar la escuela, Sole! ¡Queremos quedarnos durmiendo! —se quejó.

—¿Cómo no vas a querer empezar la escuela, Lucas? ¡Te va a encantar! —le dijo Soledad en un intento de motivarlo.

—¿Qué es lo que me va a encantar? ¿Estar encerrado toda la mañana mientras una vieja arrugada me grita y me da órdenes? ¿O tener que aguantarme ir al baño tantas horas seguidas hasta que me explote la panza?

—¿Qué? ¿No nos dejan ir al baño? —intervino Mateo. Se asustó tanto por lo que escuchó que abrió los ojos de repente y se sentó en su cama. Él y Mentiritas iban a ingresar al primer año de la primaria, por lo tanto no sabían más de lo que los chicos les habían contado sobre el funcionamiento de la escuela.

—No, nos tratan como animales; en un momento del día nos dan solamente diez minutos para que aprovechemos y vayamos, y obvio que nos hacen ir a todos juntos.

Mateo se estremeció.

—¡Lucas! —lo reprendió Soledad, y luego se dirigió a Mateo—: No le hagas caso, Mateo; si vos querés ir al baño en clase podés pedirle permiso a tu maestra y ella te va a dejar.

—Bueno, y si no nos deja nos escapamos. ¿No, Mentiritas? —dijo Mateo y miró a su amigo.

—¡Obvio! —le respondió éste con complicidad.

—Ustedes no se escapan a ningún lado, si la maestra no los deja ir al baño me avisan que voy y hablo con ella. Ahora levántense y pónganse los guardapolvos, ¿está bien? —les dijo Soledad.

—Está bien… —cedieron finalmente. Comprobando que ya todos habían abierto los ojos, se fue del cuarto y los dejó vestirse.

Diez minutos más tarde ya estaban vestidos y listos para desayunar. Cuando los chicos —y Malena, disfrazada de “Coco”— bajaron al comedor, las chicas —Tali, Carola, y la más nueva en el hogar pero más antigua en la casa, Laura— ya estaban sentadas tomando su té con leche y comiendo sus tostadas con queso, vestidas con su guardapolvo blanco. Los chicos se sentaron junto a ellas, pero estaban tan cansados que no se molestaron en saludar. Lucas, siempre liderando, se sentó al borde de la mesa, del lado opuesto al que se sentó Malena, quien bajó con los chicos ya que tenía que ocultar su identidad a los adultos haciéndose pasar por “Coco”. Julián se sentó con Carola, su novia; y Mentiritas se sentó entre Laura —la nena fantasma que había descubierto en el verano, secuestrada por un okupa— y Mateo, con quien había formado lazos de amistad bastante fuertes considerando el poco tiempo que había pasado desde que lo conoció, esto se debía probablemente a que ambos eran los más chicos de la casa con seis años de edad.

—¿Y Álvaro? —preguntó inocentemente Laura. Todos rieron.

—Álvaro está babeando la almohada, Laura —le contestó Lucas con una sonrisa sarcástica.

—No se despierta hasta el mediodía más o menos —añadió Carola al ver que Laura no terminaba de entender lo que Lucas le había querido decir.

Pasaron varios minutos desayunando en silencio ya que todos estaban muy cansados y estresados por el inicio de clases. Mateo, el más nervioso de todos, tenía problemas para sostener la taza debido a que le temblaban las manos.

—Quedate tranquilo, Mateo. Ir a la escuela no es tan malo como parece —lo consoló Julián.

—¿Son divertidas las clases? Yo ya sé bastantes cosas, pero nunca fui a una escuela de verdad —preguntó Laura. Pedro, el okupa que la tenía secuestrada en un cuarto oscuro de la casa, le había enseñado los conceptos básicos del primer grado, por lo tanto Laura iba a comenzar sus estudios en el segundo grado de la primaria, lo cual hacía que se ponga aún más nerviosa ya que sus compañeros ya iban a conocerse entre sí.

—No te perdés de mucho, lo único divertido es poder estar con tus amigos —le respondió Tali.

—Pero yo no tengo amigos en la escuela. Ustedes son mis únicos amigos, y ninguno va a hacer el segundo grado conmigo.

—Si querés yo me escapo de mi clase para ir a la tuya, Laura —le ofreció Mentiritas.

—Usted no se escapa a ningún lado. No te preocupes, Laura, te vas a hacer amigos enseguida. Todos tus compañeros se van a enamorar de tu sonrisa —dijo Soledad. Laura sonrió instintivamente, pero no se sentía mejor. Si sus compañeros descubrían que era una nena fantasma, no la iban a dejar en paz nunca.

—Mateo, pasame el azúcar —le ordenó Tali. Mateo estaba muy concentrado mirando el vacío en un intento de eliminar su nerviosismo. Tali insistió—: ¡MATEO!

—¿Eh? —preguntó éste, como volviendo en sí.

—¡El azúcar!

—Ah, sí. Ahí va. —Mateo tomó el azúcar y, cuando esta estuvo a punto de llegar al poder de Tali, los nervios de Mateo le jugaron en contra: temblando golpeó la taza de Tali, derramando el té con leche en su guardapolvo blanco.

—¡¿SOS IDIOTA?! —le gritó Tali enfurecida mientras se levantaba de la mesa y algunos de los chicos la observaban, aunque la mayoría de ellos estaban tan cansados que ni siquiera percibieron lo que acababa de suceder.

—Tali, pará, tampoco le hables así, es un accidente —le dijo Soledad.

—¡Pero mirá, Sole! ¡Me dejó todo el guardapolvo marrón! ¡Parece como si me hubiera hecho caca por el ombligo!

—Bueno, no te preocupes, andá a cambiarte y hoy vas a la escuela con el uniforme del hogar; yo ahora te lo lavo y ya mañana podés usar el guardapolvo como todos los demás.

Tali soltó un suspiro de frustración y fue al cuarto de las chicas dando fuertes pisadas en las escaleras. Se dirigió a las estanterías donde guardaban los uniformes mientras insultaba en voz baja a Mateo, cuando algo llamó su atención.

Por un momento tuvo la esperanza de que solo se lo haya imaginado, que había dormido tan poco que ya empezaba a tener alucinaciones, pero sabía muy bien que no era así… entonces volvió a oírlo: una risita aguda resonaba en el espacio. No fue hasta que la oyó por tercera vez que sacó la cabeza de las estanterías y notó algo doblemente extraño: la puerta estaba cerrada. ¿La había cerrado ella al entrar? Estaba bastante segura de que no.

Corrió rápidamente hacia ella y realizó varios intentos en vano de abrirla. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién se estaba riendo de ella? ¿Era una broma de Luciana, la vecina, quien odiaba tener que vivir junto a un hogar de niños huérfanos?

Volvió a oír la risa nuevamente y esta vez se desesperó. Olvidando completamente cambiar su guardapolvo manchado por el uniforme limpio, comenzó a dar golpes a la puerta acompañados por gritos de auxilio que, en el mejor de los casos, iban a ser oídos por Álvaro, quien descansaba solo a un par de habitaciones más al fondo.

Entonces lo recordó: ¿Qué hacía intentando abrir puertas como una persona cualquiera? Úrsula le había enseñado un hechizo para abrir y cerrar puertas que no fallaba nunca, y esta era la ocasión perfecta para usarlo. Se alejó dos pasos y efectuó el hechizo.

“¡Aperianum Itinere!”

La puerta se abrió completamente de un golpe, como si alguien la hubiese empujado, y entonces vio tras ella, del lado del pasillo, a quien había estado riéndose todo este tiempo. La tomó del brazo y la trajo consigo al cuarto, cerrando la puerta para que nadie pueda verlas.

—¡¿Vos estás loca, Úrsula?! ¡¿Cómo me vas a hacer eso?! ¡Casi me matás de un susto y no estoy de humor! ¡¿No ves la hora que es?!

—¡Bueno, che! ¡Qué poco sentido del humor! ¡Era una bromita nada más! —se defendió la brujita mientras daba volteretas en el aire.

—¡Andate! ¿No era que las brujas no te dejaban venir más a mi mundo?

—No, no me dejan, pero tuve que venir igual para decirte algo importantísimo.

Tali ni siquiera escuchó lo que Úrsula estaba diciendo y le habló casi por encima suyo—: ¡Ah, no! ¡Esperá! No te vayas, primero necesito que uses un hechizo o algo así para que mi guardapolvo vuelva a ser totalmente blanco. ¿Dale?

—¿No me escuchás lo que te estoy diciendo, nena? ¡No hay tiempo para hechizos! ¡Vine rapidísimo a decirte algo de vida o muerte antes de que me descubran las otras brujas!

—Claro, no hay tiempo para hechizos pero sí para bromitas mañaneras, ¿no? —Tali no parecía para nada intimidada con Úrsula. Después de todo, ella solía exagerar bastante las cosas, y probablemente solo se trataba de algún capricho suyo.

—¡Qué terca que sos, nena! —Úrsula agitó sus manos y exclamó “¡Obsequium Purgaret!”. De sus dedos salió una espuma blanca que se disolvió instantáneamente al contacto con el guardapolvo de Tali, dejándolo todavía más blanco de lo que estaba antes de que Mateo le arrojara el desayuno.

—¡Bien, por fin servís para algo! —le dijo Tali mientras posaba en el espejo.

—Creo que la palabra que estás buscando es “gracias”. En fin, no vine para que me agradezcas nada, sino para que me ESCUCHES. Es importante, ¿entendés? ¡Poneme atención!

—¡Uy, qué hincha que sos! ¿Qué querés? Apurate que tengo que ir a la escuela y no pienso llegar tarde el primer día.

—Justamente de eso se trata. Hoy fue mi primer día de clases también, bueno, en realidad está siendo ahora, pero me escapé un segundo para decirte esto. Bah, en realidad me había escapado primero de clase para ir a volar por los pasillos. ¡Es que tenés que ver a la bruja que tengo como maestra! ¡Es TAN aburrida su clase! Habla, habla, y habla… ¡Pero no dice nada! Y encima se la pasa retándome, seguro que todo es porque quiere ser linda y joven como yo, y además… —Úrsula ni siquiera había terminado de hablar cuando Tali la interrumpió impacientemente—: ¡Te dije que rápido, Úrsula! ¿Me vas a decir o te la vas a pasar contándome sobre esa vieja amargada? ¡Apurate!

—¡Bueno, está bien! Voy al grano: me escapé de clase y escuché accidentalmente lo que unas brujas muy poderosas estaban diciendo… y es sobre la chica fantasma que vive acá.

—¿De qué chica fantasma hablás? Acá estamos todas bien vivas.

Úrsula negó con la cabeza. —Una de ustedes no. La chica esa que estuvo viviendo con el tipo que la tenía secuestrada es mitad fantasma. ¿No sabías?

—¿Laura?

—¡Esa! Y hay que tener mucho cuidado, y cuidarla mucho. Escuché que las brujas decían algo sobre su profecía que se había cumplido, y me vieron espiando así que dejaron de hablar.

—¿Y no te retaron?

—Sí, pero me dieron permiso para venir acá a pedirte que la cuides porque saben que te conozco, pero es una excepción única y me dijeron que si tardo mucho me mandan al pozo de los lamentos.

Tali parecía desconcertada mientras Úrsula dejaba caer polvos multicolores por encima suyo. —Pero, entonces… ¿Laura es peligrosa?

—No sé…

—¡Úrsula! ¡Esa chica duerme en el mismo cuarto que yo y come conmigo todos los días! ¡Si es peligrosa tengo que saberlo!

—¡Ay, bueno! ¡Pará un poco, no me presiones! No puse mucha atención, soy un poco distraída, pero creo que no es peligrosa, aunque puede llegar a serlo si se vuelve mala; me parece que es mucho más es el peligro que podemos llegar a correr los del mundo mágico si alguien lastima a Laura, o si Laura lastima a alguien, o si Laura entra en contacto con uno de nosotros… ¡No me acuerdo!

—¡Te voy a matar, Úrsula! ¡Ahora decime bien! ¡¿Qué tengo que hacer?! ¡¿Mirá si me hace algo malo?!

—Quedate tranquila, no te va a hacer nada. Lo que sí sé bien es que las brujas me pidieron que te ordene que cuides a Laura y trates de integrarla lo mejor posible con el resto de los chicos, ¿ok? Bueno, chau. —Úrsula desapareció entonces en una nube de polvo multicolor que dejó de ser visible en menos de un segundo, dejando a Tali sola y confundida.

—¡Esperá, bruja tonta! ¡Tenés que contarme más, no entendí nada! —le gritó; pero era demasiado tarde: Úrsula ya se había ido y tenía totalmente prohibido volver. Probablemente no iba a verla nunca más, a no ser que las cosas con Laura se compliquen.

Resultaba raro haber oído todo eso, Laura parecía una chica muy dulce y sensible. ¿Por qué habría de hacerle algo malo a alguien? ¿Era una nena fantasma? Entonces Mentiritas había estado diciendo toda la verdad en el verano. Después de todo, lo único que sabía Tali de Laura es que había estado viviendo en la casa desde hace mucho más tiempo que todos los chicos, y que Pedro la había secuestrado. ¿Qué tan peligrosa podría llegar a ser? No estaba segura, pero lo que sí podía afirmar es que Laura era muy misteriosa, y que desconocía casi completamente su pasado. Laura era, ahora más que nunca, sinónimo de misterio.


1 comentario:

  1. me encanto el capitulo, en especial por el enfasis en laura :)

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¿Qué es "Buscá la luz"?


"Buscá la luz" es una historia llena de magia, amistad, amor, y solidaridad.

En ella tanto adultos como chicos aprenden a lidiar juntos con los problemas diarios y terminan por entender que el secreto para una mejor vida se esconde en el niño que cada uno de ellos lleva dentro.

Basada en la exitosa telenovela "Rincón de Luz", una idea original de Cris Morena.

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