Capítulo 23: No más líder


Sí, Lucas siempre había estado dispuesto a hacer lo que sea para defender a sus amigos. Cualquiera que lo conociera lo aseguraría: por más orgulloso que pueda parecer (o ser), él siempre iba a terminar siendo el que ponga la cara a los problemas y proteja a los demás. Era su naturaleza. Lo había hecho con su hermana Lucía, con su mejor amigo Mateo, y lo hacía ahora con todos suscompañeros de Rincón de Luz.

Por eso es que, si le hubieran ofrecido hacer las cosas diferentes y evitar ser impactado por un auto, él no habría dudado ni por un segundo en dejar las cosas como estaban. Habría vuelto a elegir poner el cuerpo para salvar a Laura una y mil veces. ¿Qué podía llegar a perder? El dolor físico que él sufría iba a pasar, pero si Betina se apoderaba de Laura, esa herida que iba a generar en ella (y en todos) podía llegar a ser permanente.
Pocos momentos antes de todo esto sucediera, Laura se encontraba en la sala principal del hogar. Muy rápidamente, había pedido a todos que se reunieran, ya que quería decirles algo importante. Ese “algo” era, nada más ni nada menos, la noticia de que su tía (quien estaba a punto de ser su madre adoptiva) había estado utilizando las cámaras instaladas por todo el hogar para espiarlos, y que por lo tanto sus intenciones al adoptar a Laura no tenían absolutamente nada de buenas.
—Ya estamos todos. ¿Qué querías decirnos? —preguntó Soledad.
Todos la miraron con intriga. Algunos, incluso, con preocupación.
—Bueno… yo… —comenzó Laura.
Pero entonces, como si el destino estuviera siendo inoportuno voluntariamente, oyeron el sonido de un freno muy fuerte, y luego los gritos de Betina pidiendo auxilio.
—¿Qué fue eso? —Álvaro no esperó un segundo para ponerse de pie y revisar qué había tras la puerta, solo para asustar a todos con su reacción. —¿Ese no es…?
De repente, ya nadie se acordaba de Laura, y la atención de todos (incluida ella) fueron a parar hacia Álvaro.
—¡¡¡Lucas!!! —exclamó Álvaro, y corrió hacia la calle. Todos lo siguieron por detrás.
El cuerpo de Lucas yacía inmóvil en el medio de la calle, con una herida muy grande en la cabeza.
—¡Estaba cruzando la calle para saludarme y un auto lo chocó! ¡El muy sinvergüenza siguió de largo! ¡Llamen a una ambulancia! —exclamó Betina, intentando reprimir su alegría, y utilizando sus dotes de actriz para reemplazarla por preocupación.
Mientras Álvaro se acercaba al cuerpo y llamaba al servicio de emergencias, Soledad contenía a los chicos para que no se acerquen e intentaba calmarlos, aunque apenas podía mantenerse calmada a ella misma. Y es que la imagen de Lucas tan lastimado, tan vulnerable en el medio de la calle, no era para menos.

Al día siguiente, Betina y Pía se encontraban en un pasillo muy oscuro, frente a una celda. Había sido muy difícil para Pía, siendo menor, lograr que la dejen ingresar a ese lugar, pero Betina odiaba ir sola, así que su ausencia no era una opción.
Del otro lado de las barras de metal, dentro de la celda, se encontraban dos hombres que ambas ya habían tenido oportunidad de conocer en el pasado, y quienes les habían dado la mejor oportunidad laboral que habían tenido hasta el momento: Pedro y Juan Ignacio.
Ninguna de las dos se atrevió a decir una palabra, hasta que Betina pellizcó a su hermana en el hombro, como forzándola a hablar.
—Tenemos una noticia —murmuró, sin poder mirar a ninguno de los dos hombres a los ojos.
—Espero que sean buenas —dijo Juan Ignacio, con un tono que Pía percibió como un tanto amenazador.
Su hermana siguió insistiéndole para que responda, pero no dio resultados, así que tuvo que hablar ella misma.
—Bueno, en realidad es algo malo.
Esperó a que alguno de los dos hombres hiciera un comentario, pero prosiguió cuando vio que su única respuesta fue un silencio lleno de tensión.
—Resulta que Laura descubrió todo —continuó Betina, y tragó saliva—. Ya sabe nuestro plan, o al menos parte de él. Pero no se preocupen: no llegó a contarle nada a nadie, porque su amigo Lucas tuvo un accidente, entonces están todos distraídos con eso.
Pedro, quien estaba acostado, se puso de repente de pie y se acercó a ellas a toda velocidad.
—¡¿Ustedes son estúpidas?! —exclamó.
Ambas retrocedieron asustadas. Pía inclusive se escondió tras su hermana mayor, lista para utilizarla de escudo en caso de ser necesario.
—¡Laura no es una chica cualquiera, es muy inteligente! ¡No se piensen que va a quedarse callada solo por lo que le pasó a Lucas! ¿Cuánto puede llegar a durar su silencio? ¿Un día, dos…? ¡Estúpidas!
—¡Podemos amenazarla! —sugirió Betina—. Podemos decirle que, si abre la boca, lo que le pasó a Lucas va a pasarle a su otro amigo, ese que le dicen “Mentiritas”.
—No va a funcionar —aseguró Juan Ignacio, con un tono de voz más calmado del que todos esperaban—. Laura ya se rebeló, y tarde o temprano va a hablar. Las amenazas no van a lograr callarla. Hay una única solución a este lío que ustedes, actrices incompetentes de cuarta, no pudieron evitar: tienen que secuestrarla. Agárrenla cuando nadie se de cuenta y llévensela con ustedes, lejos.
—Tiene razón —añadió Pedro—, eso fue lo único que funcionó cuando estaba conmigo. Desde que empezó a hablarse con esos del hogar, todo fue de mal en peor. Ellos fueron los que le dieron la fuerza para pensar por ella misma y defenderse. Sobre todo Mentiritas. Sacarlos a todos ellos del hogar va a ser imposible, así que es a ella a quien se tienen que llevar. Ya mismo. Laura no puede pasar un minuto más en Rincón de Luz.

Mientras tanto, los chicos (junto con Soledad y Álvaro) se encontraban en el hospital. El estado de Lucas era bastante grave, pero los médicos eran optimistas. Como Lucas estaba sometiéndose a cirugías para reparar el daño que el impacto había causado en su cabeza y varias partes de su cuerpo, las visitas no estaban permitidas. Lo último que habían visto de él era su cuerpo todo herido e indefenso, tirado en la calle.
Todos estaban sentados en la sala de espera aguardando noticias cuando de repente una doctora ingresó.
—Les traigo buenas noticias: la cirugía fue un éxito —dijo la doctora—. Creemos que es cuestión de días u horas para que Lucas se despierte. Luego de eso va a tener que someterse a un tratamiento para recuperarse totalmente sus heridas, pero aparentemente todo está bien. Este chico tuvo mucha suerte, se nota que estuvieron rezando por él.
Todos festejaron y se abrazaron entre sí, y también le agradecieron a la mujer.
—¡Ah! Me olvidaba. También pueden pasar a verlo. Sigue inconsciente, pero pueden pasar. Sin embargo, muchas personas podrían alterarlo, así que vamos a pedirles que ingresen de a uno.
—¡Yo quiero ir primera, por favor! —exclamó Malena inmediatamente.
—No sé, Male. Lucas sigue herido. Puede ser muy feo para vos verlo así —dijo Soledad.
—No me importa, ya lo vi así en la calle y estoy bien. Por favor, necesito verlo ya, no aguanto un segundo más sin él. Te prometo que no lo voy a molestar, solo quiero verlo.
—Está bien, pasá vos primera. Pero no te quedes mucho tiempo.
Malena siguió a la doctora hasta la sala donde Lucas descansaba, y esta los dejó a solas.
Lucas estaba en una cama, con los ojos cerrados, muchos cables transparentes (eso creyó Malena que eran) atravesando su cuerpo, y un pañuelo blanco sobre su cabeza.
—Lucas… —susurró con tristeza, acercándose.
Todavía recordaba su última conversación. Ella se había portado horrible con él, lo había tratado muy mal. Definitivamente no habría sido así de haber sabido lo que estaba a punto de sucederle.
Viéndolo ahí, con los ojos cerrados y herido, Malena no pudo contener las lágrimas. Comenzó a recordar todos los momentos que habían pasado juntos, y le dolía todo el cuerpo de solo pensar en la posibilidad de que esos momentos hayan sido los únicos.
—Por favor, tenés que ponerte bien. Recuperate, así te pido perdón por todo lo que te dije.
Se llevó las manos a la cara, tapándose los ojos. No tenía sentido porque nadie podía verla, pero de todos modos ella lo sintió así.
—Todo esto que pasó me hizo darme cuenta de muchísimas cosas. Fui una tarada con las escenas de celos que te hice por Pía. En vez de aprovechar que tenía el mejor novio del mundo, me la pasaba peleando con vos y alejándote. Te prometo que cuando te recuperes esto no va a pasar nunca más, y voy a ser una buena novia. Nunca más te voy a dejar ir por celos. Te amo.
Dejándose llevar por sus sentimientos, se acercó hacia él y lo besó.
Cuando se alejó comenzó a llorar todavía más. Se sentía muy feo besar el cuerpo inconsciente de Lucas, pero este sollozo se vio interrumpido por los ojos de su novio abriéndose: estaba despertando.
—Lucas… ¡Lucas! ¡Estás despierto! —dijo ella con alegría, intentando no levantar mucho la voz al recordar las advertencias de la doctora.
—¿Qué pasó? ¿Por qué estoy acá? —preguntó él, con la voz muy débil y apenas audible.
—Tuviste un accidente en la calle, te chocó un auto. Debés estar muy confundido. Pero no te preocupes, te vas a recuperar, vos concentrate en descansar nada más. ¡No puedo contener tanta alegría, qué bueno que ya te despertaste! No sabés el miedo que tuve. Ahora vengo, voy a avisarle a todos que te despertaste.
Malena se puso de pie y se dirigió hacia la puerta, pero Lucas la interrumpió.
—Disculpame… —dijo.
—¿Sí? Decime. ¿Qué pasa? ¿Te duele algo?
—¿Te puedo hacer un pregunta?
—Lo que quieras —respondió Malena, con una sonrisa en la cara.
—¿Quién sos y por qué me decís Lucas?

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¿Qué es "Buscá la luz"?


"Buscá la luz" es una historia llena de magia, amistad, amor, y solidaridad.

En ella tanto adultos como chicos aprenden a lidiar juntos con los problemas diarios y terminan por entender que el secreto para una mejor vida se esconde en el niño que cada uno de ellos lleva dentro.

Basada en la exitosa telenovela "Rincón de Luz", una idea original de Cris Morena.

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