Capítulo 31: Rincón de Luz (Epílogo)


«Narrado por Lucas»


Ya pasó un año desde el día en el que Betina se fue de nuestras vidas para siempre y empecé a recuperar la memoria. Al principio me fue difícil, pero de a poco fui acordándome de una cosa y otra, hasta que ahora ya puedo decir que mis recuerdos están casi completos. Sin darse cuenta, Betina me terminó ayudando. Aunque fue ella la que me provocó el accidente en primer lugar, así que no tengo nada que agradecerle.
El día que nos libramos de ella sentimos que terminaba un ciclo en nuestras vidas y empezaba otro, y puede ser que hayamos tenido razón, pero eso no se compara con la novedad que recibimos hoy a la tarde. Para que entiendan mejor, tienen que saber todo lo que pasó en este tiempo. Cambiaron muchas cosas. Yo cumplí quince años, por ejemplo. Aunque eso no es muy importante. ¿O sí? Bueno, no sé. Creo que va a ser mejor si empiezo por contarles las cosas que no cambiaron ni un poco.
—¡Dale, Guillermo, apurate! —Los gritos de Mateo se escuchaban prácticamente por toda la casa.
Sí, estoy hablando de la casa de Arboleda 301. La que Betina incendió. Pudimos recuperarla, ¿me olvidé de ese detalle?
Pía tuvo la genial idea de disculparse invitándonos a vivir a su casa mientras hacíamos las reparaciones del hogar. Ella no tenía nada de plata, así que pagaron los arreglos entre toda la gente del barrio. Resulta que, después de casi tres años viviendo acá, algunos nos conocían y hasta nos querían. Dijeron que somos, y repito sus palabras exactas, “unos huérfanos adorables”. Ya era hora de que se dieran cuenta, ¿no? Supongo que no habrían pensado lo mismo si supieran que en un momento hasta fuimos prófugos de la ley. En fin, con la ayuda de todos terminamos recuperando la casa original de Rincón de Luz pocos meses después. Pía fue tan generosa con nosotros que ya hasta Malena pudo perdonarla. Es una buscadora más como cualquiera de nosotros.
Bueno… ¿en qué estaba? Me perdí.
Ah, sí. Los gritos de Mateo. Como les decía, eso no cambió nada: Mateo gritaba tan fuerte que yo lo escuchaba desde las escaleras, y eso que él estaba en nuestro cuarto.
—¡Ponete esa camisa de una vez! —le gritaba a Guillermo.
—¡Bueno, qué sé yo! Nunca usé un coso de estos —respondió él.
—¡Vamos a llegar tarde, ya debe estar por llegar Soledad! Tenemos que irnos ahora. —Mentiritas se llevó las manos a la cabeza.
—Bueno, vayan —dijo Úrsula—. Yo lo ayudo a Guillermo.
Los chicos se fueron y entonces Úrsula, tan rápido como pudo, le abrochó los botones de la camisa a Guillermo. O eso quiso hacer, porque él no la dejó.
—No, odio esta ropa. Yo me voy a poner una remera —gruñó Guillermo.
—¿Estás loco? ¡Es una ocasión re especial, no podés usar una remera! ¡Soledad se va a decepcionar!
—Bueno, está bien, yo uso la camisa, pero con una condición: vos tenés que ser mi novia.
—¿Qué? —Úrsula se puso roja—. ¡Ni loca! Ya te dije mil veces que no.
—Uy, bueno. Pero por lo menos salgamos a tomar un heladito, ¿sí? Uno muuuy chiquitito. Dale, no seas bruja.
—Nene, soy bruja de nacimiento. Y vos un gnomo.
—¿Ves? Los dos somos del mismo mundo, tenés que aceptarme el heladito. Porfa.
—Bueno… está bien, solamente un heladito. Pero me dejás abrocharte esa camisa y ni mencionás la remera.
—¡Bien! —gritó él, y dejó que Úrsula enganche los botones de su nueva camisa.
Puede que los más chiquitos no hayan cambiado mucho, pero no puedo decir lo mismo de los más grandes. Y no solo porque recuperé la memoria casi por completo, también por varias cosas más. 
—Male, qué linda que estás —dije ingresando a su cuarto. Malena estaba mirándose al espejo con su nuevo vestido, que era hermoso como ella.
—Gracias —dijo, con cierta timidez. Hacía años que había dejado de ser Coco, pero todavía no se acostumbraba a que un chico le dijera lo linda que era, pero por suerte yo me iba a encargar de que eso se le pase. —Vos también estás lindo, capitán estrella —agregó. Sí, me olvidé de contarles eso también: ahora soy el capitán del equipo de fútbol del barrio. Después de tantas idas y vueltas, tantos “escapar de la ciudad” y “perdí mis recuerdos”, se me dio la oportunidad y no dudé en aprovecharla. —Excepto por una cosa —dijo finalmente.
—¿Qué?
—La corbata no va a así —dijo riéndose, y me la acomodó. Ella había sido Coco solo unos meses y ya sabía usar la corbata mejor que yo, que fui varón toda mi vida. Es tan inteligente. ¿Cómo podría no admirarla tanto?
—Gracias, Male —le dije, tomándola de las manos y mirándola a los ojos muy serio.
—Es solo una corbata —respondió, sacándole importancia.
—No, no solo por eso. Por todo. Por haber estado siempre conmigo. Por haber confiado en mí. Por haberme perdonado por todo lo de Pía. Por ser mi novia.
—No te preocupes. Habías perdido la memoria, no te puedo culpar de nada. Ella se aprovechó de eso. Pero ya está, ya quedó en el pasado. Los dos cambiaron y no va a pasar nunca más algo así.
—No, obvio que no. Esta vez no te vas a poder separar de mí. Esto es para siempre. Te amo —prometí, y después la besé.
Estábamos tan concentrados en nuestro beso que ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que Pía acababa de entrar al cuarto y nos estaba mirando.
—Pía, no sabíamos que… —comencé a decir, pero ella me interrumpió saltando sobre mí y sobre Malena.
—¡Ayyyyy! ¡Son tan lindos juntos! —dijo mientras nos abrazaba. O más bien gritó, porque creo que nos quedamos un poco sordos. —No quiero interrumpirlos, pero tenemos que bajar, Sole y Álvaro ya deben estar por llegar.
Abajo, en la sala principal, el resto de los chicos esperaba junto con María Julia y Caride, quienes habían venido de visita por la ocasión especial.
Estrella tenía su oreja pegada en la panza de María Julia y escuchaba con mucha atención.
—Me parece que se mueve. ¿Ya aprendió a patear?
Capaz sería bueno que aclare en este momento que María Julila estaba embarazada, si no toda esta situación sería muy rara y graciosa.
—Si sale a la mamá, seguro ya debe haber aprendido a dar patadas, puñetazos, sartenazos, de todo —bromeó Laura, y todos rieron.
—Si quieren, cuando el bebé nazca puedo enseñarles las nociones básicas de la gramática china —dijo Amir, y luego agregó—: Dicen que el período crítico en la adquisición de una segunda lengua es en los primeros años de vida. O al menos eso me enseñaron a mí.
—Ay, sí, claro. Si él es todo un príncipe culto, ¿no? —dijo Estrella, abrazándolo.
—¿Y cómo se va a llamar? —preguntó Laura.
—Gerardo —respondió el Dr. Caride.
—¿Gerdado? No, Natalia —lo corrigió María Julia.
—Pero, amor, habíamos quedado en que iba a ser nene…
—No, va a ser una señorita. Se va a llamar Natalia.
—Bueno, bueno —los interrumpió Josefina—. A lo mejor son dos, ¿no? Sea quien sea, espero que se lleve bien con Josefita.
—¡Chicos, acaba de estacionar un auto, parece que ahí vienen Álvaro y Sole! —gritó Mentiritas, espiando desde la ventana.
Yo no confío mucho en él, por algo se ganó su apodo, así que fui y me fijé yo mismo por la ventana. Y sí, eran ellos. —¡Son Álvaro y Soledad, vayan todos a sus puestos! —dije muy fuerte, corriendo hacia detrás del sillón.
—¿Qué hacés ahí, Mateo? Ese es mi lugar —dijo mi querida hermanita Lucía, queriendo esconderse atrás del piano pero viendo que el lugar ya estaba ocupado por mi otro querido hermanito del corazón.
—Es mío, yo pedí este lugar desde el principio. ¡Anda a otro lado! —respondió él.
—¡Te dije que es mío, enano! ¡Correte!
—¡Vos justo me venís a decir enano a mí! ¡No me corro nada!
—¡Mateo, ese lugar era de Lucía, salí de ahí! —dijo Úrsula, saliendo de su escondite y acercándose a ellos.
—¿Y vos qué te metés? —se defendió él.
—¡Úrsula se mete todo lo que quiere! —gritó Guillermo, saliendo de su escondite también.
Uno por uno, todos fuimos interviniendo y acercándonos a ellos. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya nadie estaba escondido y todos estábamos en el medio de la sala principal, discutiendo si el lugar detrás del piano lo tenía que tener Mateo o le correspondía a Lucía.
Y, como siempre tuvimos muy buena suerte, Álvaro entró y nos vio en medio de toda la pelea.
—¡Hey! ¡hey! ¿Qué pasa acá? ¿Por qué pelean tanto?
—Mateo, obvio —explicó Lucía. Mateo iba a defenderse, pero Álvaro fue más rápido:
—¿Quieren conocer al nuevo integrante de la familia o no? —preguntó él, y todos asentimos en silencio.
Antes de abrir la puerta, nos hizo una señal para que nos calláramos. Aunque fue más para prevenir que nos pongamos a gritar una vez que Soledad entre, porque la verdad era que nadie estaba hablando ya.
Luego de abrirle, Soledad ingresó por ella. En su cara llevaba una sonrisa gigante, y en sus brazos a un bebé recién nacido.
—Les presento a Milagros, nuestra hija.
—Su nueva hermana —agregó Álvaro, lleno de orgullo.
Todos nos acercamos lentamente. Yo tenía una hermana menor, pero para la mayoría de los chicos era la primera vez que veían un bebé, así que todos teníamos muchísimo cuidado con lo que hacíamos y nos acercamos tratando de ser lo más silenciosos y delicados posible.
—Muchas gracias por compartir este momento tan especial con nosotros, de verdad —dijo Soledad.
Todos sonreímos.
—Son la familia que siempre soñé. La familia que siempre soñamos juntos.
—Chicos, yo les quería decir algo. —Álvaro dejó de mirar a Milagros y nos miró a nosotros.
—¿Te vas de vuelta a Europa? —bromeó Mateo.
—No —respondió Álvaro, con una sonrisa—. Les quería decir que… En todo este tiempo nos pasaron muchas cosas, pero siempre salimos adelante. Y yo creo que pudimos lograrlo gracias a algo que aprendí de Soledad y de ustedes: gracias al amor. Y cuando digo eso pienso que el amor es justicia, compasión, humanidad, amistad, compañerismo, tolerancia; todo eso es amor para mí.
Entonces Soledad habló. —Álvaro tiene razón. Ustedes tienen un camino muy largo, chicos. Y en ese camino van a haber muchísimas cosas buenas, pero lamentablemente también van a encontrarse con cosas malas. Si viven con amor y eligen con el corazón, todo va a salir bien. La única manera que tenemos de ser felices es vivir dando y recibiendo amor. Es la única forma que nos queda para cambiar el mundo. Nunca se olviden de eso. 
Ahora, todos vivimos felices en una gran familia. De ser seis huérfanos de la calle sin rumbo ni sueños, pasamos a tener una casa, una mamá y un papá, y un montón de hermanos y amor para compartir. Algunos vinimos de la calle, otros de otras familias, de otros países, e incluso de otros mundos. Pero lo que tenemos en común es que ahora todos estamos conectados por ese lazo que nos une llamado “familia”.
Esa es nuestra historia. Una historia que quería compartir con todos ustedes. La historia que estuvieron leyendo todos estos años. Espero que les haya gustado.
Ahora me tengo que ir, porque nosotros tenemos que seguir nuestro camino y ustedes el suyo. Pero no se olviden de lo que dijeron Álvaro y Sole: lo único que puede salvar al mundo es el amor. Ese, y ningún otro, es el secreto para que en sus corazones siempre haya un Rincón de Luz.
Desde esta ventana, decimos adiós.


«Fin»










Muchísimas, pero de verdad muchísimas gracias a las personas que siguieron esta historia desde que comencé a publicarla en el 2012 hasta hoy. ¡Más de 6 años y exactamente 152 capítulos! Es increíble. Esto nació de una noche de septiembre del 2011 en la que me invadió una necesidad inexplicable de comenzar a escribir, y sobre todo comenzar a escribir sobre Rincón de Luz, una historia de mi infancia que me había marcado pero a la cual no le había puesto atención por mucho tiempo. Jamás se me habría ocurrido esa noche que esa idea loca que tuve me iba a llevar casi 7 años terminarla, ni que publicándola acá (originalmente para que me quede guardada y poder leerla yo en el futuro) también iba a ganar algunas personas interesadas en leerla también :) Muchas gracias de nuevo a todas esas personas que se comunicaron conmigo, ya sea acá o en YouTube, o también en Twitter. Espero que les haya gustado este camino que recorrimos juntos tanto tiempo así como a mí me gustó escribirlo. Los quiero mucho y les deseo, muy sinceramente, que vivan el resto de sus vidas llenos de amor y felicidad, y que a medida que vayan creciendo no se vayan olvidando de todas las cosas buenas que aprendieron de chicos. ¡Hasta siempre!

2 comentarios:

  1. ¿Han pasado 6 años?
    ¡6 años!... ¡No puedo creer que ahora termino!
    Amé tu novela desde el primer capítulo hasta este último... en verdad la amé, fue maravilloso reencontrarme con personajes que me acompañaron en otra etapa de mi vida, mil gracias por ello.

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias a vos por acompañarme todo este (larguísimo!) tiempo <3
      Espero que no dejes de escribir porque lo hacés genial :) estoy con muy poco tiempo pero de vez en cuando voy a pasar a leer tus textos n_n un abrazo

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¿Qué es "Buscá la luz"?


"Buscá la luz" es una historia llena de magia, amistad, amor, y solidaridad.

En ella tanto adultos como chicos aprenden a lidiar juntos con los problemas diarios y terminan por entender que el secreto para una mejor vida se esconde en el niño que cada uno de ellos lleva dentro.

Basada en la exitosa telenovela "Rincón de Luz", una idea original de Cris Morena.

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