Capítulo 20: Desayuno en el hogar


Al día siguiente casi todos tenían un motivo para estar alterados, y los que no lo tenían, se contagiaban de los demás. Malena temía que Sebastián la haya reconocido y descubra su secreto; Lucas y Julián seguían en guerra por Luciana; y Mentiritas tenía que esconder a Laura rápido antes de que Soledad revise el cuarto donde la tenía escondida.

Se hizo el dormido mientras los demás chicos bajaban a desayunar, y cuando se aseguró de que no haya quedado ya nadie en el pasillo, se vistió y salió disparado hacia el cuarto donde había escondido a Laura. Estaba casi llegando cuando alguien le habló.

—¿A dónde vas? La escalera para bajar está del otro lado. Apurate que llegás tarde. –Álvaro acababa de abrir la puerta de su cuarto, que casualmente estaba a dos puertas de distancia del de Laura.

—Ah, sí… es que soy nuevo acá entonces todavía no conozco bien la casa –le respondió Mentiritas intentando parecer lo más inocente posible.

—Sí, bueno… ahora bajá –ordenó Álvaro sospechosamente. En ese momento sonó su teléfono celular y lo tomó para atender, pero antes le advirtió a Mentiritas. –Chico nuevo: como te dije, apurate porque llegás tarde, y acá somos muy estrictos con los horarios. –Entonces Álvaro atendió su teléfono celular y se metió nuevamente en su cuarto. Mentiritas supo aprovechar su buena suerte y siguió su camino.

Entró al cuarto, puso a Laura en sus brazos, y bajó corriendo. Salió al patio delantero por la puerta, y de ahí se dirigió al trasero donde se ubicaba el laberinto. Una vez allí, comenzó a recorrerlo a una distancia prudente: no tenía que ser demasiado cerca de la entrada como para que cualquiera descubra a Laura, ni demasiado lejos como para que no pueda volver a visitarla.

—Bien —comenzó a decirle cuando encontró un lugar que parecía perfecto–. Te dejo acá, Laura. No te escapes, no salgas de este laberinto por nada del mundo, y tampoco te metas demasiado adentro porque tengo que volver a encontrarte la próxima vez que venga. ¿Está bien?

Laura solo siguió bebiendo su leche. Mentiritas lo tomó como un “sí” en idioma gato.

Volvió al hogar corriendo y se encontró en la sala principal a Álvaro bajando las escaleras. Afortunadamente no había llegado a verlo entrar.

—¿Qué hacés acá todavía? ¿Por qué estás tan agitado? ¿En qué andás vos, nene? —le preguntó, sospechando aún más que la última vez.

—Es que me había perdido de nuevo y me puse a buscar la cocina corriendo.

—Ustedes no comen en la cocina, comen en el comedor. Es para allá –le dijo señalando la dirección correcta. Resultaba bastante obvio ya que desde el punto de vista de Mentiritas alcanzaba a ver a Lucas sentado en la punta de la mesa junto a Malena y Mateo, pero aparentemente Álvaro estaba demasiado distraído como para notarlo, o decidió hacer caso omiso. Mentiritas finalmente fue al comedor, se disculpó por las demoras, y desayunó satisfecho de haber cumplido su misión con éxito.

En ese momento sonó el timbre y Álvaro atendió la puerta. Malena alcanzó a ver y escuchar a Sebastián preguntándole por Coco. Se atragantó con un pedacito de medialuna y comenzó a toser; cuando terminó, solo pudo ver a Álvaro hablándole.

—Coco, te está esperando el vecino en la puerta –le dijo.

Malena miró a Carola y pudo comprender por su mirada que ella también se había dado cuenta de lo que estaba pasando: Sebastián se había dado cuenta de que ella era Malena, y venía a extorsionarla.

Tomó aire unos segundos y se decidió: no podía ir con inseguridades, tenía que hacerle frente a Sebastián. A lo mejor, si actuaba bien, se le iba esa “loca idea” de la cabeza. Caminó con la espalda recta y el mentón alto hacia Sebastián que la esperaba sentado en el sillón de la sala principal.

—¿Me buscabas? —le dijo tratando de sonar lo más segura y masculina posible.

—Sí. Qué raro, ¿no? Nunca pensé que iba a venir acá para hablar con uno de ustedes.

—Si viniste hasta acá para burlarte de nosotros ya mismo te podés ir por donde entraste –le advirtió haciendo una seña con la cabeza en dirección a la puerta y los brazos cruzados.

—Bueno, pará con las agresiones. No vine a burlarme de nadie, vengo a decirte algo. El otro día estaba en el shopping y me llevé una gran sorpresa.

—¿Y yo qué tengo que ver con lo que te haya pasado a vos en el shopping?

—Bueno, me crucé con una chica, y… —Sebastián se quedó varios segundos como si estuviera pensando bien qué palabras usar.

—¿Y qué? ¡Dale, decime!

—Ya sé tu secreto.

A Malena se le paró el corazón por un segundo. Tomó aire y se recuperó. —¿De qué secreto hablás?

—Ya sé que tenés una hermana gemela, y vine porque quiero que me la presentes.

¿Hermana gemela? ¿Eso era todo? ¿O sea que no había descubierto su secreto, sino que pensó que Malena era la hermana gemela de Coco?

—¿Qué hermana gemela? —preguntó intentando disimular su alivio, e intentando parecer preocupado.

—La que vi en el shopping. Dale, no me mientas. Te prometo que no se lo voy a contar a nadie. Lo único que sí te voy a pedir: ¿Puedo saber por qué se la ocultás a todos? Digo, supongo que es así porque sino estaría viviendo acá con vos, ¿no?

Sin haberse dado cuenta, Sebastián acababa de inventarle a Malena la coartada que necesitaba. Así como un rayo de sol se asoma en el día más tormentoso del año, ahora Malena podía ver como su secreto seguía estando tan a salvo como siempre. Eso sí: tenía que cuidar que Sebastián no divulgue lo de su hermana gemela, porque si Álvaro se enteraba iba a investigar, y a la larga la verdad iba a salir a flote.

—Escuchame, nadie tiene que saber sobre mi hermana. ¿Me escuchaste? NADIE.

—No te preocupes, ¿Me ves cara de buchón?

—Y, la verdad… —bromeó Coco.

—¡Bueno, basta! –A Sebastián pareció no hacerle gracia— Yo no voy a decir nada, pero vos me vas a conseguir una salida con tu hermana. ¿Te quedó claro?

—¡No sé! ¡No depende de mí! Yo soy su hermano solamente, no le puedo manejar la vida.

—Bueno, más te vale que la convenzas, o sino todos se van a enterar de Malena. ¿Entendiste? –Sebastián ahora sonaba tan agresivo como siempre.

—Pará, calmate. Te prometo que voy a hacer todo lo posible. –Coco comezaba a dejarse intimidar.

—Hasta lo imposible hacés. Que me pase a buscar hoy mismo Malena a las tres de la tarde o se pudre todo. Chau. –Sebastián salió dando un portazo y Malena se quedó unos segundos reflexionando. ¿Iba a tener que volver a ser ella misma otra vez? Eso era tan arriesgado como agradable, pero definitivamente pasar ese tiempo con Sebastián NO era lo que hubiese preferido.

—¡Epa! ¿Qué pasó? ¿Por qué esos portazos? —Álvaro estaba subiendo la escalera justo en ese momento.

—Nada, se emocionó.

—¿Seguro?

—Sí, sí… no te preocupes, andá –le dijo finalmente. Volvió luego al comedor y se sentó para terminar de desayunar, aunque todo el asunto le había arruinado el apetito.

—¿Qué quería ese nabo? —le preguntó Lucas que estaba sentado a su lado.

—Quiere salir con Malena –respondió ella misma.

—¡¿A él también le contaste tu secreto?! —gritó sorprendido Julián a tres sillas de distancia.

—¡Shhh! ¡No grites! ¡Recién estaba Álvaro por acá! ¡Te puede escuchar! –lo reprendió Malena.

—¡Callate, tarado! ¡Nadie te puede contar nada que ya vas y lo arruinás! —agregó Lucas.

—¿Y vos qué te metés? ¡Estamos hablando yo y Malena!

—¡Se dice Malena y yo, burro!

—¿Qué me corregís, nabo? ¡Vení y decímelo en la cara si te animás! –Julián se levantó de su silla como retando a un duelo a Lucas.

—¿Te pensás que te tengo miedo, imbécil? Te voy a bajar los dientes de una piña. –Lucas se estaba acercando a Julián.

—¡¿Qué les pasa a ustedes dos, se pelearon?! –Carola se puso en el medio para separarlos con ayuda de Malena y Mentiritas. Mateo parecía demasiado triste como para moverse, y Tali probablemente ni siquiera había notado que alguien había abierto la boca ya que estaba estudiando detenidamente su libro de magia.

—¿Y a vos qué te parece? —dijo sarcásticamente Mentiritas por encima de los insultos que se echaban Lucas y Julián.

—¡PAREN UN POCO, ESTÚPIDOS! —gritó Malena. Todos se quedaron quietos y fue recién ahí cuando Tali puso atención a lo que sucedía a su alrededor.

—¿Nos pueden explicar qué les pasó? ¡Ustedes eran los mejores amigos! ¿Por qué ahora se odian? —preguntó Malena.

—No me hagas ni acordar que fui amigo de este salame –respondió Julián.

—Él y yo nunca fuimos amigos. Los amigos no se roban las novias –comentó Lucas.

Un rayo de decepción cruzó la mirada de Malena, pero nadie lo notó.

—¿Novia? ¡Ya quisieras! ¡Vos te le tiraste encima y ella te rechazó! –dijo Julián incitando a la violencia.

—¿Eso es verdad? —intervino Mentiritas.

—¡No, no es verdad, Mentiritas! ¿No sabés distinguir una mentira cuando te la cuentan? ¿Por qué te dicen así entonces? –respondió Lucas.

—¡Bueno, pará! ¡No te la agarres con Mentiritas, él no tiene nada que ver! ¿Por qué no arreglan sus problemas hablando como gente civilizada? –propuso Carola.

—No se puede hablar civilizadamente con alguien que no distingue un beso por lástima de un beso real –objetó Julián, mientras le dedicaba una sonrisa de odio a Lucas.

Éste, lleno de furia, pasó por entre las tres personas que los separaban y empujó al suelo a la persona con la que había compartido más cosas durante toda su vida. Se le tiró encima y comenzó a golpearlo. Julián, usando toda la fuerza que tenía, revirtió la situación y logró ponerse por encima de Lucas. En ese momento, alguien se acercó tristemente junto a ellos con los ojos llenos de lágrimas y ambos se detuvieron.

—Son unos traidores los dos –les dijo Mateo con la voz quebrada.

Lucas y Julián lo miraron fijamente con un poco de remordimiento. Sabían exactamente a qué se refería.

—Se supone que entre nosotros tres no pueden haber peleas. ¿Tan fácil se olvidaron de nuestra promesa? Se suponía que íbamos a ser amigos por siempre, y que nunca nadie iba a separarnos, MENOS una chica.

El resto de los chicos observaban la escena en silencio.

—Bueno, Mateo, pará… no es mi culpa –le dijo Lucas.

—No me importa. ¡Miren cómo están! ¡Y se supone que son mejores amigos!

—Pará, Mateo, no digas eso… —le dijo Julián.

—Mateo tiene razón, no vale la pena gastar mi energía en un idiota como vos. A partir de ahora te excluimos del grupo –dijo Lucas volviendo a ponerse de pie—. Vamos, Matu.

—Yo con vos no voy a ningún lado. Hasta que no se disculpen y vuelvan a ser tan amigos como antes, no le pienso volver a dirigir la palabra a ninguno de los dos. ¡Estúpidos! —y con esas últimas palabras, huyó en dirección a la sala principal.

Aunque emotivo, su discurso no logró reparar el conflicto entre sus dos mejores amigos, pero al menos logró que dejen de agredirse y pasen a ignorarse.

Mateo pasó varios segundos sentado en la escalera de la sala principal, solo. Sus dos mejores amigos se odiaban y ya nada era lo mismo. Sentía la urgente necesidad de esconderse de todo y de todos por un tiempo, estar a solas, reflexionar, y volver recién una vez que las cosas se hayan calmado.

Consideró seriamente la idea de volver a vivir bajo el puente por unos días, eso quizás haga entrar en razón a Lucas y a Julián, se darían cuenta que hay cosas más importantes que una chica; pero no, era demasiado arriesgado, y no podía permitir que Álvaro lo deje sin este nuevo hogar que prácticamente le había caído del cielo.

Entonces la solución apareció entre sus ojos: junto al sillón de la sala común había una chimenea bastante amplia, lo suficientemente amplia como para que el quepa con sus seis años encima. No corría ningún riesgo ya que era verano, por lo tanto no la iban a encender por varios meses (aunque planeaba no tener que pasar tanto tiempo encerrado). Escuchó pasos que se acercaban y, sin pensarlo dos veces, corrió la reja de la chimenea, se metió, y la volvió a cerrar.

Para sorpresa suya, el interior de la chimenea era todavía más amplio que el de su propia cama, y estaba –aunque oscuro— en perfectas condiciones higiénicas. ¿Quién lo iba a estar limpiando? ¿Pedro se habrá escondido acá alguna vez? ¿O era parte del trabajo de Mencha limpiar la chimenea aunque sea verano? O quizás justamente porque era verano es que estaba limpia: nadie la usaba.

Entraba poca luz por las rejas, pero la suficiente como para distinguir formas y figuras. Se sentó a descansar apoyado contra la pared opuesta a la de la reja, observando los pasos de los chicos en la sala principal.

Entonces, como si fuese una puerta o una entrada, la pared sobre la que se apoyaba se abrió y cayó sobre unas hojas de papel en algo que parecía un túnel. Varios metros de distancia separaban ese túnel de la chimenea, pero el papel logró amortiguar su caída lo suficientemente bien como para que el dolor cesara en segundos.

Mateo, asustado, comenzó a pedir ayuda a los chicos; aunque ya no podía verlos, la distancia no era tanta como para que no puedan escucharlo, o al menos no lo era hasta que la puerta por la que cayó se cerró sola. Después de insistir, se dio cuenta que era en vano seguir intentando ser escuchado, y decidió avanzar por el túnel; supuso que iba a llevarlo a algún lugar seguro.

Avanzando se encontró con varios insectos y roedores desagradables, el lugar estaba casi totalmente oscuro, solo lo iluminaba una pequeña luz que no estaba muy seguro de dónde provenía, pero sí agradecido de tenerla. Más que un túnel parecía un laberinto: tenía muchas dobladas y todas ellas eran igual de confusas, cualquiera sin un mapa o una brújula se hubiera perdido en cuestión de segundos. De hecho, él ya se había perdido, pero no lo veía de esa manera ya que nunca había tenido idea de dónde estaba.

En una de las dobladas distinguió una figura blanca con un gato blanco. Vio cómo esa persona lo miraba, y se asustó. Huyó corriendo en dirección opuesta a donde caminaba, pero la figura lo perseguía.

En su fuga, lo único que cruzaba por su mente era el deseo de que Lucas o Julián aparezcan de repente y lo rescaten; así no solo estaría a salvo, sino que además ellos volverían a ser amigos: los uniría la preocupación. Justo en ese momento las luces del túnel aumentaron, y ya podía distinguir bastante bien las texturas y los colores.

No había estado corriendo ni treinta segundos cuando la figura que había visto se le apareció en frente y lo aturdió con un sonorísimo pitido que le quitó todas sus fuerzas y dejó débil en el suelo, casi inconsciente.

Unos segundos después, abrió los ojos y pudo distinguir casi perfectamente la figura que lo había perseguido y aturdido. Habló con la más dulce de las voces que él jamás hubiera escuchado.

—No tengas miedo, no te voy a hacer nada –le dijo—. ¿Te caíste?

—¿Quién sos? —se limitó a preguntar Mateo.

—Me llamo Laura, soy la nena fantasma. Te voy a ayudar a salir de acá.

2 comentarios:

  1. Mateo ya conocio a Laura, mis personajes favoritos <3

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  2. entonces mateo va a ser el q se haga amigo de laura en vez de mentiritas?? y van a quedar juntos?? a mi me gusta mas con mentiritas pero se que en la novela se queda con mateo...

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¿Qué es "Buscá la luz"?


"Buscá la luz" es una historia llena de magia, amistad, amor, y solidaridad.

En ella tanto adultos como chicos aprenden a lidiar juntos con los problemas diarios y terminan por entender que el secreto para una mejor vida se esconde en el niño que cada uno de ellos lleva dentro.

Basada en la exitosa telenovela "Rincón de Luz", una idea original de Cris Morena.

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